
Ayer me alejé un poquito de mi bosque y me puse con el Carde a mirar el recital en el Luna Park de Cacho Castaña (que nos en-canta!!) y tenía como invitada una cantante argentina. La verdad que cuando la vi me dio muchísima pena. Por supuesto que se ve más joven que hace 20 años, pero su cara parece la de una muñeca Barbie… pero más gorda.
Algunos pensarán “eso es envidia” y yo les aseguro que no. Cuando algo me da envidia lo reconozco. Y si, que una es perfecta, pero sigue siendo humana y algunos pecadillos se cometen.
De verdad, me da mucha pena cuando una persona no sabe envejecer con dignidad, tanto mujeres como hombres, que hay algunos especímenes masculinos que también parecen la muñeca Barbie.
No estoy en contra de la cirugía estética, cada cual asumirá las consecuencias, aunque yo jamás me haría una. De lo que si estoy en contra es que una persona no sepa discernir entre la belleza de la naturalidad y su falsificación.
Alguien dijo alguna vez que la gente pierde demasiado tiempo arreglando su cabello, pero no su corazón y creo que tiene razón. Me parece muchísimo más agradable a la vista ver una mujer de 60 años luciendo sus arrugas con dignidad, que una con la cara brillante de tanto estiramiento, los ojos deformados que pareciera que no pueden cerrarlos jamás y los labios prominentes de tanta silicona que demuestra la teoría de Darwin al revés, ya que son verdaderos chimpancés. Mientras tanto, su cuello revela la verdadera edad, o sus antebrazos, si no han tenido la precaución de hacer un poco de gimnasia localizada.
Me podrán detallar infinidad de beneficios, pero seguiré pensando que no hay nada mejor que la naturalidad. Algunos pequeños retoques imperceptibles, para arreglar algún defecto, me parece bien, pero cambiar toda su fisonomía por el solo hecho de parecer más joven… Yo me pregunto, cuando se miran al espejo, pueden sentirse orgullosos de lo que ven? Porque yo saldría corriendo y gritando que hay una intrusa en mi casa.
No crean que piense así porque yo sea una belleza que no necesita nada para caminar feliz de su aspecto por la vida, ni que todavía no me hayan salido arrugas. Supongo que están ahí, pero no les presto atención, ni uso ningún producto para taparlas. Son parte de mi. Alguna vez un amigo me preguntó por qué no me arreglaba un poco más, que quedaría muy bonita. Y yo le respondí que no me interesaba ser un paquete de regalo con un gran moño, prefería que la gente viera lo que tengo por dentro y me aceptara por lo que soy, no por lo que ven.
Mejor volvamos al recital de Cacho que, como Gardel, cada día canta mejor. Lo disfrutamos muchísimo, como siempre. Y para cerrar, un pedacito de su tango que tiene que ver con este tema:
"Voy camino a los cincuenta
Punto y coma de la vida
Sin pensar, sin darme cuenta
Cerca del punto final,
Esquivando a los espejos
Que antes fueron mi alegría
Y hoy los miro desde lejos
Para poderme peinar..."

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