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jueves, 4 de diciembre de 2008

Bienvenida



Dicen que los cambios son buenos porque nos ayuda a crecer, pero a veces una no quiere crecer tan de golpe. A veces tenemos ganas de seguir parados en el mismo lugar, rodeados de las mismas cosas, de la misma gente, de los mismos sentimientos y de las mismas cosas conocidas. Y de pronto viene alguien y nos da vuelta todo el universo armónico que teníamos y nos sentimos perdidos y desamparados.

Eso me pasó en Spaces, de pronto y sin previo aviso, me encontré con que en mi mundo estaba todo dado vuelta, mis amigos caminaban desorientados por las calles, el malhumor se había apoderado de sus risas cotidianas y la desesperanza se había adueñado de sus almas.

Es cierto que huir es de cobardes, pero buscar un lugar de sosiego, donde sentirnos seguros, donde poder respirar un poco de paz y poder pensar tranquilos no es cobardía, es aprender a ver las cosas desde otro punto, desde la otra orilla.

Así fue como comencé a recorrer barrios buscando un lugarcito tranquilo, con mucho sol, mucho verde y especialmente mucha paz. Anduve viendo casas por barrios muy poblados, algunos muy bulliciosos y otros llenos de negocios y publicidades por doquier, y seguí buscando hasta que encontré un lugar que se adaptara a lo que estaba necesitando. Y, como decía mi papá “el que busca siempre encuentra”, llegué hasta acá.

Desde mi ventana puedo ver un “mar de azúcar” que “de corazón a corazón” me lleva hasta el campanario de “el confesionario”. Y me siento a gusto. Me hace bien respirar esta paz en medio de la locura cotidiana que pretende arrastrarme por caminos que no quiero recorrer.

Por aquí estaré, traeré algunas cosas de mi vieja casa, esas pequeñas decoraciones que forman parte de nuestro andar diario y que no queremos dejar perdidas en el tiempo. También pondré nuevos cuadros de letras enlazadas y colgaré cortinas de sueños en las ventanas.

La puerta no tiene llave y siempre hay un café caliente, un mate o una cervecita fría para los amigos que quieran llegar a sentarse a mi lado a disfrutar una fresca mañana de verano con sabor a frutas, un cálido mediodía de otoño con aroma de hojas secas, una fría tarde de invierno al calor de unos leños o una alegre noche de primavera con aroma de jazmines.

Bienvenidos a mi nueva casa, donde llueven ilusiones y los sueños se convierten en realidad.