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jueves, 31 de marzo de 2011

Año nuevo vida nueva

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Que no es año nuevo? Si, ya lo sé. Que la vida no es nueva? Si, también lo sé. Pero el departamento si es nuevo… al menos para nosotros que nunca lo habíamos usado.

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mudanza

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He descubierto, a esta altura de mi vida, una nueva cosa que detesto: las mudanzas. Una semana empacando cosas, seleccionando lo que no sirve, intentando dejar a mano aquello que más se usa cotidianamente y tirando todo aquello que hemos ido acumulando y que, o no hemos usado jamás en dos años o directamente, que no sirve absolutamente para nada. Para descubrir, ya en nuestro nuevo departamento que necesito otra semana para terminar de desempacar, que aquello que no servía ahora me hace falta, que lo que había dejado a mano ha desaparecido vaya a saber en cual caja y que, entre tantas cosas, nos hemos traído cachivaches que van a parar a la basura. Conclusión 1: llené un contenedor de basura en mi viejo barrio y ahora lleno otro más en el nuevo. Entre tanta caja que llevo y que traigo, casi casi que me hago cartonera diplomada.

Lo más lindo del departamento es que tiene un gran ventanal desde el que se ve el rio y todo el verde del delta hasta el horizonte, y una ventilación cruzada que añoraba y extrañaba desde hace dos años. Vaya castigo del destino o un karma que desconocía, desde que llegamos no ha parado de llover. Y no solo eso, después de quejarme, también durante dos años, del terrible y húmedo calor que hace en esta ciudad, no solo que no para de llover y la temperatura bajó considerablemente, sino que además, para colmo de males, estamos sin gas. Conclusión 2: tenemos que bañarnos con agua fría añorando esas tardes de calor insoportable y odiosa transpiración.

Y no todo termina ahí!! El Carde se fue a comprar un microondas porque ni café podíamos tomar. Todo lindo, grande, de buena marca, con grill, calentaba el agua, calentaba los sándwich, calentaba el pollo… calentaba tanto que se quemó a los cinco días!!! Por suerte estaba dentro de los días estipulados para que se queme y lo cambien, así que nos trajimos uno nuevo. Hasta ahora calienta todo y sigue funcionando… toco madera!!

En el anterior departamento yo me regocijaba viendo volar los dulces murciélagos desde el atardecer hasta bien entrada la noche. En los tres días que estoy acá los he llegado a detestar hasta el punto en que creo que me alegraría si me entero que están en peligro de extinción. Motivo, razón y circunstancia? Al llegar sentí que por la ventana del baño entraba ese sonido tan particular que hacen cuando conversan entre ellos, lo cual no me molestaba en absoluto. Pero al rato, cuando volví a entrar empecé a percibir un olor desagradable. Pensando que el baño no estaba bien limpio me arme de lavandina, detergente, desinfectante y cuanta cosa de limpieza encontré para descubrir, una hora después, que no solo no se había ido el olor, sino que era cada vez más intenso. Le pregunté a un vecino si había nido de murciélagos en el edificio, y si el olor podía provenir de ellos. Su optimista respuesta fue “Pufff!! Está lleno!!! Y cerrá bien las ventanas de noche, no te vaya a pasar como a mí que me desperté y tenía uno en la almohada”. Conclusión 3: La mitad del sueldo se nos va entre sahumerios y aceites aromatizados.

Pero todo no termina allí, no solo que no tenemos gas, sino que tampoco me conectan Internet, cable y teléfono hasta dentro de una semana. Y yo me pregunto, las personas que no tienen acceso a televisión paga no tienen derecho a disfrutar de una programación que no les anule ni altere el buen funcionamiento de las neuronas? Solo se ven dos canales, el 3 y el 5 de Rosario. Canal 3 se dedica a pasar todo lo referido a Bailando por un sueño o Soñando por bailar o como sea que se llame y Canal 5, todo lo relativo a Gran Hermano, durante todo el día!!!! Dos programas que detesto, que considero lo más bajo de la televisión y que no hubiera mirado nunca aunque me pagaran para hacerlo. Conclusión: Ya sé cuál es la estrategia de Christian U para ganar y que a Pamela no la quieren (vieron? al final la echaron a Pamela!!). Además, el sábado (pasado para cuando esto esté publicado) comienza Cantando por un sueño. Sobre llovido mojado!! Aguante el Jístori Yanel y las profecías de Nostradamus.

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Ayer, el Carde dejó caer la frase, así por casualidad “Sería capaz hasta de mirar los Simpson con tal de no ver esto”. Y a que no saben qué pasó? Cuando encendió la tele a la tarde estaban dando… Los Simpson!!! Conclusión 4: He descubierto que, pase lo que pase y bajo las circunstancias que sean, no hay que quejarse de nada, porque la vida se encargará de hacértelo pagar!!! Ahhhh!! Y sabían que lo habían mandado matar a Antonio y que Regina lo estuvo llorando pero resulta que Antonio sigue vivo y se iba a ir del pueblo con Camila que primero le dijo que no y después lo corrió gritando “Antonioooooooooo” y se subió a la camioneta y se fue con él?. Creo que se fue porque anoche apenas se escuchaba y casi no se veía. Si quieren saber cómo sigue miren Canal 3 de Rosario a las 10 u 11 de la noche, porque yo no pienso volver a poner ese canal!!!

Felipe se adaptó bastante bien. Después de llegar le pregunté si le gustaba la casita nueva. Con su mejor cara de perro miró a su alrededor las pilas de cajas desparramadas por todo el living y les juro que telepáticamente me dijo “Cuando vas a ordenar todo este despelote?” Acto seguido se puso a buscar su juguete por todos los rincones. Por suerte había tenido la precaución de guardarlo en mi cartera para encontrarlo enseguida. Y no sé si el aire del rio le despertó el apetito o es de la ansiedad, pero no para de comer en todo el día. A ver si hacen el programa Cuestión de peso (otro bodrio de la tele gratuita) para perritos, porque con lo que está comiendo se va a volver obeso en cualquier momento. Lo que lo tiene confundido es por qué para ir a la calle debemos meternos en una caja cuadrada con espejo y esperar un ratito para salir. Yo le expliqué que era una máquina transportadora de materia, pero me miró nuevamente con su mejor cara de perro y optó por el silencio antes de decirme lo que pensaba.

Hoy, a una semana y media de comenzar la mudanza y sentir que el mundo se iba derrumbando poco a poco con cada problema que iba surgiendo (porque lo contado acá son solo las tonterías) parece que poco a poco la suerte empieza a girar a nuestro favor. Toco madera, me cuelgo una ristra de ajos del cuello, pongo una herradura dada vuelta en la puerta, una plantita de ruda a la entrada y que Dios nos ayude!!!

PD: Reciencito, terminando de escribir el último párrafo, una falsa alegría. Suena el portero eléctrico (ahora ya no me puedo asomar al balcón y gritar “quien es??”): “Buen día señora, de Litoral Gas (sonrisa en mi cara) esta es la dirección tanto, piso tanto… (mi sonrisa se convertía en alegría desmesurada) departamento tanto?” Noooooooooooooooo!!! Tenía el 50% de probabilidades de que fuera acá y le erró!!!! Era el depto de al lado!!! Y yo todavía tengo la esperanza de sacarme un Quini 6??? Llorón


gato

sábado, 11 de diciembre de 2010

Rayos y centellas!

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El viento comenzó a soplar, primero lentamente, para ir convirtiéndose poco a poco en una sinfonía de la naturaleza que el Maestro de orquesta dirigía con una magnificencia absoluta. Las primeras gotas apenas se sintieron. Caían y se evaporaban al instante por el calor del asfalto que había sido sometido al inclemente sol del verano.

De pronto, y sin previo aviso, las pequeñas gotas se convirtieron en una cortina semitransparente que no dejaba ver a más de veinte metros de distancia. Los pájaros volaban a sus nidos para intentar protegerse vanamente del vendaval que se había desatado. Los perros aullaban, temiendo tal vez el diluvio universal que llevaban en el recuerdo de sus genes, transmitidos de generación en generación.

Las sirenas comenzaron a sonar, avisando a cuanto ser humano quisiera entender, que no debían salir a la calle porque un peligro atroz podría estar esperándolos bajo ese cielo oscurecido por nubarrones grises, fríos como el acero.

Una familia se aventuró a correr a su auto, intentando escapar de la terrible catástrofe que podría avecinarse de un momento a otro, dejando tras de sí el dolor y la desolación. El hombre cruzó la calle con su pequeña hija en brazos, sin importar el terrible granizo que caía partiendo las hojas de los árboles en pequeños trozos verdes como una esperanza que se desvanecía en mil pedazos. Tras él, una señora mayor, tal vez su madre, tal vez su suegra, se aventuró también a cruzar la calle sin importarle el auto que venía a toda velocidad huyendo de aquel vendaval inclemente. Apenas podía verse detrás de la cortina de agua, pero sus gritos se oían claramente al sentir que los trozos de hielo lastimaban su cabeza, sus brazos, pero no su valentía de huir de aquel lugar.

A pocas cuadras de allí, el río se alborotaba en una fiesta de olas impetuosas amenazando con desbordarse e inundar la zona. No podía verse, pero se intuía su ferocidad monstruosa, húmeda y fría.

Fueron quince minutos de incertidumbre. Quince minutos que parecieron durar una eternidad. El sonido del teléfono me sobresaltó, exorcizando las cavilaciones que inundaban mi mente al tiempo que el agua inundaba la calle… “le pusiste la funda al lavarropas?” Esa frase rompió toda la magia del momento y del lugar, arrastrándome nuevamente a la realidad de que en esta ciudad el cielo tiene una capa protectora que no permite que la lluvia caiga por más de quince minutos seguidos.

Y si, ni el granizo fue tan terrible, ni los perros aullaban desconsolados. Solo Felipe lloriqueaba implorándome en su idioma que nos fuéramos adentro en vez de estar mojándonos en el balcón. Pero la soledad del sábado y el corte de Internet hizo que mi imaginación volara más allá de la realidad… una realidad que vuelve a calcinarse bajo un sol radiante y treinta grados de temperatura, a la sombra.

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La imagen es de Rosario3.com, una tormenta en la ciudad pero en octubre del 2007.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Mi primera vez

 

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Bueno, no es que fuera la primera de todas, pero como experiencia totalmente personal si, hoy fue mi primera vez. No recuerdo quién fue la primera persona que me lo hizo, pero han sido varias a lo largo de mi vida, porque nunca había quedado completamente conforme con los resultados. A veces por falta de simpatía, otras veces por hablar demasiado, en alguna ocasión por no querer compartir el lugar con otras mujeres (fobias sociales que una tiene) y recuerdo que también dejé a una persona muy especial para mi porque vivía demasiado lejos.

Pero algún día debía ser y hoy tomé la decisión. Salí de casa con el tiempo necesario, caminando lento y pensando en lo que necesitaba. La estantería del negocio estaba saturada de productos de diferentes marcas y en los colores más variados. Me costó bastante decidirme. No compré lo más barato pero tampoco lo más caro, ya que como era mi primera experiencia no quería malgastar el dinero. Pasé por la farmacia y compré lo que me faltaba. Ya estaba lista para comenzar.

Llegué a casa y me senté un rato en la PC para relajarme ya que estaba un poco nerviosa de que algo fuera a salir mal. Al cabo de media hora tome la decisión y “que salga lo que salga”.

Primero leí las instrucciones detenidamente, en portugués primero y en español cuando descubrí que estaban traducidas. Puse todos los componentes sobre la mesa en el orden que debía usarlos, ya que debido a mi despiste podía equivocarme y hacer un desastre. Una vez que tenía todo listo me fui al baño con ellos y comencé. Felipe, mi perro, me miraba un tanto desconcertado. Nunca me había visto haciendo algo así, cosas parecidas sí, pero eso nunca!

Comencé a peinarme lentamente, como estirando el tiempo, tomé aire y empecé. Ya no había vuelta atrás. Poco a poco mi cabeza fue quedando completamente embardunada de una crema blanquecina que se iba convirtiendo en color marrón en mi frente, en mi brazo, en el peine, en la pileta, el espejo, la toalla… el perro!!!! Todo quedó de un maravilloso color rubio oscuro, al igual que mi cabello.

Hoy, por primera vez, he tomado el coraje de teñirme sola. Desternillado de risa

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domingo, 5 de diciembre de 2010

El bendito Uindous 7

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Yo era una mujer tecnológica y feliz. Hasta que un día, y por esas distracciones tontas que una suele tener a cierta edad en que las neuronas se ponen menopáusicas, me agarré un virus. Sí, yo que leo y escribo sobre cuanta noticia de virus nuevo, viejo o usado salga por ahí. Y no se trata de esos simples “organismos parásitos que infectan células y producen viriones para difundir sus genes”, no señor, me agarré un machazo virus que se quiso apropiar de mi Word.

Por supuesto que mis conocimientos tecnológicos no son tan profundos, pero me di cuenta que algo andaba mal cuando el Word me pedía una actualización que no se producía. Y como para entendido lo tengo al Carde, después de renegar todo un día me dio el tan temido ultimátum “Hay que formatear”. Pero como ya había perdido todos mis archivos cuando se me rompió el disco duro de la anterior PC, dije “Dale, es lo más fácil y rápido

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JA! Ilusa de mi!!! No solo que no fue ni tan fácil ni tan rápido para él, sino que para mí se convirtió en lo más complicado y lento que he visto en años!!!

Yo era una mujer tecnológica y feliz. Feliz usuaria del XP, al que manejaba casi con los ojos cerrados porque sabía de memoria donde estaba cada programa, cada archivo, cada foto, cada canción… Ahora soy una mujer perdida entre los extraños laberintos de un Windows 7 que no tiene nada en su lugar, en el que todo ha cambiado su forma y su color, como una macabra transformación de algo amigable a un monstruo horroroso y terrorífico que me esconde todo lo que necesito en una maraña de accesos inaccesibles.

Lo primero que hice fue recuperar mi fondo de pantalla. Fácil. Lo segundo fue sacar el encimado de pestañas en la barra de tares. Relativamente fácil y rápido. Lo tercero, el Messenger: sacar las actualizaciones ya que no me interesa en lo mas  mínimo si fulana mando un correo con fotos o con un archivo de música o miró un video en YouTube. “No me muestre más que mis contactos y no me acumule las ventanas en un solo lugar”. Listo, fácil y rápido.

Terminada la primera parte, logré encontrar un block de notas y cuando fui a escribir una palabra… zás! No tenía acentos!!! “Cardeeeeeeeeee, donde cuernos está el acento!!!” El, con su mejor onda se puso a probar teclas a ver si lo encontraba y yo, con mi mejor cara de ogro dije “Quiero el acento en la tecla que tiene el acento, no en otra!!” El con su mejor paciencia lo encontró, yo con mi peor bronca olvidé dar las gracias.

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De pronto se corta Internet, entonces me dije “voy a hacer un solitario hasta que vuelva”…. “Cardeeeeeeee, por qué no tengo los juegos????” A esta altura el Carde había perdido su paciencia a medida que yo perdía mi buen vocabulario. Porque sabrán ustedes que la media de los argentinos somos muuuuy bocas sucias y los insultos van desde un simple “que lo parió” hasta aquellas palabrotas que pondrían colorado al peor convicto de Alcatraz. El pobre santo todavía tiene la ilusión de cambiarme y eso que sabe que además de ser argentina, por mis venas corre sangre tana y algún resabio de glóbulos rojos de mis bisabuelos vascos.

Ayer en la tarde, y por suerte el Carde no estaba, me dediqué a “tratar” de entender el Reproductor de música.  Ni siquiera podrían imaginar lo que salió de mi boca, ni lo que se quedó solo en pensamiento, cuando descubrí que había perdido todas las canciones rusas, y un par de finlandesas y rumanas, que tanto me había costado conseguir!!!! Pero aunque no lo crean, me lo tomé con calma y me dediqué, aunque debería decir “intenté dedicarme” a guardar las listas de reproducción de la música que me gusta. Terminé agregando canciones donde no debía y eliminando de donde no correspondía. Por suerte la papelera de reciclaje no se vacía sola!! A quien se le ocurrió poner casi los mismos carteles en el Reproductor y en la carpeta de canciones????? Claro, solo a Microsoft!!! No sea que nuestra vida deje de ser complicada!!!

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Así que en eso pasa mi vida, pico en Inicio cuando quiero ir a Escritorio. Abro la calculadora cuando quiero el block de notas. Cierro el correo cuando solo quiero minimizar la ventana. Y pongo corchetes en vez de acentos cada vez que el sacrosanto Windows me cambia el idioma. Ni hablar que el señor Microsoft está en plan de hacernos ahorrar energía, así que cuando me levanto un rato de la PC, vuelvo y la encuentro… dormida!!!!

Pero para que vean que soy agradecida con los adelantos tecnológicos y no todas son quejas, hoy encontré que trae unas “Notas rápidas”, que son como esos papelitos recordatorios que una pega en la heladera para no olvidarse de comprar la manteca!! Eso me encantó!!

Y bueno, por algo tiene el número 7, no?

 

Sandra pc

sábado, 23 de enero de 2010

Encuentro cercano del tercer tipo?

 

 

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No precisamente, fue un encuentro cercano, pero con un tipo de… murciélago!!! Más precisamente el murciélago rosarino. Y para ser más precisos todavía, mi vecino Batman!!! Si, el murciélago que vive en el árbol que está al frente de mi balcón vino a visitarnos.

Estábamos sentados plácidamente, el Carde en la PC y yo en la cama mirando TV, cuando de pronto vi algo que entraba volando desde la cortina de la ventana. Mi primer pensamiento optimista fue “se metió un pajarito”, pero el pensamiento optimista duró lo mismo que tardó el Carde en gritar “UN MURCIÉLAGO!!” Y acto seguido corrió a encerrarse en el baño… a oscuras. “Abrí!” “Nooo!” “Dejá entrar a Felipe!!” y abrió un espacio por el cual apenas cabía un chihuahua, pero logré entrar al perro a empujones.

Lo ves?” “No, no sé donde se metió” Acto seguido el Carde salió del baño y me metió de un empujón. “Fijate si no está ahí”. Revisé la cortina de la ducha, el botiquín y debajo de los artefactos. “No, no está”. “Fijate bien!!”. Ni que el baño fuera el de la mansión Rockefeller!! Si estuviera el murciélago no entro yo, y viceversa. Para tranquilizarlo lo volví a revisar. Cuando se aseguró que no estaba volvió a encerrarse con Feli… Yo afuera, por supuesto.

“Ya lo vi, está en el armario, como lo saco?” “LLamá a alguien, llamalo a Leo”. Si yo llamo a mi hijo a las 11 de la noche para que venga a sacar un murciélago de mi departamento me deshereda como madre!! El Carde seguía dando órdenes desde el baño, Felipe lloraba y yo buscaba…

En eso, el mamífero volador sale del armario, derechito a mí. Mi primera reacción es meterme al baño que está al lado. “Abrí!! Dejame entrar!! Pero el Carde estaba apoyado en la puerta y, como buen solidario que es… no me dejó entrar!

El quiróptero aterrizó sobre la cajonera y de ahí me miraba con carita de susto. Yo lo miraba, primero con cara de susto, después con cierta piedad y por último con amistoso compañerismo. Comencé a hablarle, pero consciente que tal vez no fuera a entenderme. “Tranquilo, te voy a ayudar a salir. No te asustes que yo estoy más asustada que vos” “Tranquila amor, estoy bien” dijo el Carde desde al baño. “Callate tarado! le hablo al murciélago, no a vos!!”.

La verdad que yo lo hubiera agarrado a mano limpia, porque aunque me miren raro, me resultan unos animalitos súper tiernos. Además, verlo así, a 15 cm, el pelo de su cuerpito parecía muy suave. Pero evaluando la situación supuse que si el bicho me llegaba a morder y el Carde tenía que llevarme a la clínica a esa hora, iba a tener que soportar un sermón peor que los de mi mamá cuando era chica. Así que agarré un toallón, lo envolví con mucho cuidado, escuchando sus grititos de protesta (los del murciélago, no los del Carde) mientras intentaba tranquilizarlo para que supiera que no iba a lastimarlo y lo llevé hasta el balcón. Cuando lo dejé en el piso, me seguía mirando con ojitos tiernos, como agradeciendo que lo hubiera salvado… de los gritos del Carde!!!

“Ya está cielo, ya lo saqué!” El Carde salió del baño y… otra vez los gritos… “Cerrá la ventana del balcón!!! Cerrá la ventana de la cocina!! Cerrá toooodo!!!” Con tal de no escucharlo, fui y cerré todo. Pleno verano, 40 grados de calor y nosotros… con el departamento cerrado tan herméticamente que si hubiera una explosión nuclear, la radiación ni nos toca!!

En fin… al rato salí a ver, preocupada que no hubiera estado herido. Revisé bien el balcón y no estaba en ningún rinconcito. Solo había sido el susto. El había vuelto a su hogar y yo pude volver a abrir la ventana.

Fue una buena experiencia. Sigo pensando que son unos animales bellísimos y además, ya aprendí como sacarlo para la próxima visita que no haga… como sacar al Carde, el murciélago no molesta!!!

 

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Cómo pasa el tiempo

 

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Hace un par de días, hablando con mi hijo y mi nuera, Leo me preguntaba “Cuanto hace que estás acá?” “Seis meses” “Seis meses ya? Yo hace casi diez años”…

Y pensaba (ya estoy vieja!!) que rápido pasó el tiempo. Si parece que fue hace tan poco cuando era un bebé que no me dejaba dormir ni de noche ni de día!! Cada tres horas se despertaba para comer, hasta que comenzó a caminar, porque después se seguía despertando a media noche, pero para ponerse a jugar. Más de una vez lo encontré dando vueltas alrededor de la mesa del comedor en su triciclo. O me despertaba algún ruido y era el “señor” que se había llevado los juguetes al living y allí lo encontraba a oscuras, porque todavía no llegaba a encender la luz. Otras veces se levantaba sonámbulo, pero eso es otra historia.

Después llegó la época del jardín. Ahí me dio la primera lección de lo que es tener voluntad. Tenía tres años recién cumplidos, así que los primeros días iba a la salita de la hermana, que tenía un año más y era toda una experimentada en eso de ir a clases, además de ser una madraza con su hermano. Cuando había pasado el período de adaptación, un día se fue solito con los que debían ser sus compañeros. A pesar de los ojitos llenos de lágrimas no hubo forma de hacerlo volver con su hermana. Sabía que esa era la salita que le correspondía y superó el desapego como un hombrecito.

Pasó la escuela primaria y llegó la adolescencia con sus pelos largos, la estruendosa “El otro yo” que hacía temblar las paredes al ritmo de “Cortá el pasto, cortá el pasto…”, las primeras salidas y los cambios de vocación: cardiólogo, cirujano (debe ser por eso que se cortó los dedos tantas veces!), periodista, hasta que un día dijo “quiero estudiar inglés, voy a ser traductor”. En tres años hizo los cinco que necesitaba para tener el título que le pedían en el instituto para el traductorado. Y se mudó a Rosario a vivir con sus primos que ya estaban estudiando acá.

Cuatro años que pasaron rapidísimo y el día de la entrega de diplomas escuchaba distraída lo que decía la mujer que transmitía el acto “Entregamos la medalla al mejor promedio…” que lindo pensaba yo… “Leonardo…” “¿Leonardo? Ese es mi hijo!!!” Lo único que recuerdo es que no podía parar de llorar. Era el premio a tantos años de esfuerzo puestos en el estudio, un premio más que merecido. Y de pronto me di cuenta que mi niño era un hombre diciendo “me quedo a vivir en Rosario”.

Un día le dije a Lu “me parece que tu hermano anda enamorado” “por qué?” “porque está diferente” Y Lu se encargó de hacer averiguaciones, lo cual significa acosarlo por el Messenger con diez mil preguntas “Quien es esa chica? Es de Rosario? como se llama? Toma mate? Cuando la vas a traer?” Y unos días después “Voy a Pergamino con Alejandra” Y la conocí. Y quedé tan enamorada de ella como él.

Me voy a vivir con Ale”. Miércoles!! Creo que el tiempo pasa demasiado rápido!! Y hace un par de meses… “Nos casamos en diciembre” Y ya casi estamos en la fecha fijada, solo falta un mes para el cinco, solo un mes para firmar ante la ley y ante Dios ese amor inmenso que se tienen. Los preparativos, el lugar, la ceremonia, la comida, la ropa… ya está todo listo y yo… yo soy la madrina!!! No, yo no estoy lista, pero eso no importa porque nunca estoy preparada para cosas tan importantes como esas. Es que todavía estoy digiriendo el “Me quedo a vivir en Rosario”.

Si, el tiempo pasa demasiado rápido, pero… que cosas tan lindas nos trae en su carrera!!!

Ale y Leo

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lunes, 7 de septiembre de 2009

Mi tío Luis

Yo 4 años 2

Estaba viendo un recital de Argentino Luna. A medida que hablaba e intercalaba anécdotas, dichos y canciones se me comenzaron a llenar los ojos de lágrimas. No entendía por qué. Me gusta el folklore, pero no tanto como para emocionarme. Entonces entendí, de alguna forma me hizo recordar a mi tío Luis, no porque se parezcan físicamente, son totalmente distintos, pero hubo algo en su forma de hablar que lo trajo a mi mente. Y además, me trajo muchísimos recuerdos de mi niñez.

Mi tío Luis era un ser especial, muy especial. Creo, por no decir estoy segura, que fue la persona más querida de toda la familia. Su esposa e hijos lo adoraban. Sus sobrinos lo adoraban. Mi viejo lo adoraba. Yo lo adoraba. No hay una sola persona que lo haya conocido que no lo recuerde con un cariño inmenso, el mismo cariño que él le brindaba a todos. Un tipazo. Nunca lo vi enojado, jamás le escuché un grito, pero sí recuerdo que no le faltaba nunca un chiste para hacernos descostillar de la risa.

Le gustaba cazar. En aquella época, cuando yo era chica, no había problemas con las armas. Uno podía salir a recorrer los campos en busca de liebres o perdices sin que el dueño del mismo llamara a la policía. Y se tenía mucho cuidado para donde disparar. Era toda una aventura. Y después la vuelta a casa, limpiar las presas, cocinarlas y comer en la larga mesa todos juntos.

También le gustaba pescar. Salía con el auto cargado de cañas, un balde para poner los pescados, jugos, galletitas y el infaltable asado. Cualquier arroyo que tuviera un arbolito para cuando nos cansábamos del sol era bueno para tirar la caña mojarrera o el mediomundo. No se necesitaba reel ni aparatos especiales. Cuando me clavé un anzuelo en el dedo, fue él el que me cortó con una Gillette para sacármelo. Si me dolió? Y que importa, mi ídolo me había salvado.

Otra de sus aficiones era el asado. Reunirse un domingo cualquiera a almorzar era toda una fiesta. En estos tiempos modernos mucha gente  va a una parrilla, no hay que cocinar, es más limpio, les dan todo servido y después a casa. Pero nunca, por más que sea la mejor parrilla, con la carne de mejor calidad y el vino más fino, no tiene el mismo sabor. En los asados de la familia no importaba si la carne era dura, se masticaba un poco más y listo. No había apuros, no sonaban celulares recordando una reunión, ni los chicos tenían que irse porque los esperaban sus amigos. Era una reunión familiar y había todo el tiempo del mundo, nada más importaba. El sabor del vino no lo daba el color de la etiqueta. El sabor del vino lo daba el cariño de las manos que habían lavado y secado los vasos. Lo daba el cariño de las manos que lo servían. Lo daba la sonrisa pícara de los chicos que recibían su vaso con vino rebajado con soda, porque nadie pensaba que iban a ser alcohólicos por tomarse un vasito.

Tengo muchas, muchísimas anécdotas para contar, tantas que si me pusiera a recordar podría escribir un libro.

Mi tío murió joven, demasiado joven. Qué edad tenía? No lo sé, no me acuerdo. Pero eso no importa, hay personas que aunque vivan cien años, siempre serán demasiado jóvenes para morir. Lo lloré mucho, pero solo un par de días, hasta que se me apareció en sueños y me dijo “Por qué lloras? Yo estoy bien” Y estoy segura que sí, porque si prestan atención por las noches, se puede escuchar reír a las estrellas.

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viernes, 21 de agosto de 2009

En Falabella y sin GPS

 

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Ayer fui hasta el centro a buscar los lentes nuevos. Muy valiente yo fui sola, porque el Carde tenía que trabajar. Llegué bien, porque en esta ciudad es imposible perderse, sus calles y numeraciones son tan prolijas que parece construida por un matemático. Salí de la óptica y al pasar por Falabella me dije “Hace cuatro meses que estoy acá y todavía no pude entrar a recorrerla tranquila

Y entré, decidida a mirar cada rincón de todos los pisos.

Comencemos por la planta baja, ropa de mujer. Pero me encontré con tanto trapo y tanta vieja dando vuelta que me agoté a la tercera percha. Sigamos al primer piso... escaleras? Bueno... sigamos mirando ropa como si me interesara hasta que vea las escaleras. Mis ojos se iluminaron como si hubieran visto una oferta cuando las descubrí en un rincón.

No es que las escaleras mecánicas me agraden mucho, pero estaba tan cansada que fueron una bendición. Además no daba para seguir buscando una escalera tracción a sangre, seguro que terminaba en el depósito. Primer piso: ropa de hombre... seguí hasta el segundo piso... ropa de chicos... y me dije “si hice 2 hago 3”, y subí al tercer piso que me dijo mi hijo que están los muebles y el patio de comida. Eso me gusta!! Los muebles y la comida.

Al llegar algo me llamó la atención. Hasta el momento había visto todas escaleras que subían pero ninguna que bajara. Mi cerebro evaluó rápidamente la situación. Yo suelo subir los escalones de las escaleras mecánicas mientras van andando, ya que no tengo paciencia para quedarme parada hasta que llega arriba, pero nunca intenté bajar por una escalera que subiera. Y pensé “mis días terminarán aquí intentando bajar?” Era una pesadilla al mejor estilo Hitchcock. Pero muy valiente yo, me dije, “ya estas arriba, primero mirá todo y después buscas como bajar, disfrutá el momento”.

Los muebles una belleza. Me puse a mirar mesas, mesitas, estanterías, sillones, mas mesitas, un viejo tomando café... uh! ya estaba en el patio de comidas. Pegué la vuelta y me dije que ya era hora de irme. Vi un cartel que decía "SALIDA", mi salvación!!! Hacia allí me dirigí con cara de superada. Cuando llegué me encontré con un ascensor y una señora con un bebe. "Bueno" me dije "bajo con la señora hasta el piso que baje" ya que no podía subir más tenía que bajar obligadamente. No es que le tenga miedo a los ascensores ya que estoy acostumbrada, pero me causan menos gracias que las escaleras mecánicas.

En eso llegan un señor, una señora, un joven y no sé que mas..... todos parientes de la señora del bebé!!! No había lugar para mí. Disimuladamente di la vuelta y seguí mirando los muebles, teniendo especial cuidado de no terminar en la mesa del viejo que tomaba café. Mas estanterías, sillones, camas, un escritorio, una puerta... un depósito!! “Para el otro lado Sandra” dijo mi voz interior. Y allí, milagrosamente, entre dos columnas la vi, era ella, la escalera que bajaba!!! Y estaban todas en filita!! Segundo piso, primer piso, planta baja... subsuelo... y bue... ya que estoy acá voy a ver que hay, las cosas de bazar también me gustan.

Miré un par de cosas, me aburrí y me dirigí hacia la escalera. Si, ya las ubiqué. La gente que construyó el edificio las puso a todas en un rincón bien escondido para que gente como yo, despistada por naturaleza, terminara mirando la taza de café humeante de un viejo. Volví a planta baja y logré ver la luz del día por la puerta, pero “un momento! esa no es la puerta por la que yo entré!!” MI puerta estaba en una esquina!! Si salgo por ahí vaya a saber Dios donde voy a parar. Giré sobre mis talones y allí estaba, MI puerta, mi salvación para volver a casa!!!

Después de esto el Carde puede estar tranquilo, ya no le preguntaré mas “Cuando vamos a ir a Falabella?”

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viernes, 14 de agosto de 2009

Las dos caras de una historia similar

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Mi hermana tiene dos perros. Sofía es una chihuahua pelo largo, diminuta y chillona. Gerónimo es un doberman, imponente y cargoso. Es obvio que en la casa no hay lugar para un gato, y todos sabemos que cuando el gato no está los ratones bailan. En este caso las lauchas.

Cansada de darle el trigo envenenado que venden en las forrajerías (yo misma comprobé alguna vez que eso rosa que le ponen más que veneno debe ser jalea de frutilla, ya que las lauchas quedan refelices después de comerlo) se compró una trampa para lauchas. Claro, como algo de sentimiento tiene no compró esas que las mata de un golpe en la nuca cuando el indefenso animalito se acerca a mordisquear el queso que se le pone para atraerlo. Compró de las otras que son como jaulitas, donde el roedor entra pero ya no puede salir. Y queda entre los barrotes cual inocente pidiendo justicia.

Cuando despertó en la mañana, la encontró. Yo imagino su carita, con sus bigotitos caídos ( la carita de la laucha, no de mi hermana!) viéndose privada de su libertad por el solo delito de carcomer los diarios, las maderas, meterse en la casa por la ventana, hacer ruidos extraños por la noche... y todas esas cosas que forman parte de la vida de los roedores.

Los que tenemos hermanos mayores sabemos que ellos son los superhéroes personales que nos regala la vida. Mi hermana siempre fue muy valiente, pero claro, a las 6.25 de la mañana, descalza, a medio vestir y apurada por tomar su café y salir hacia el trabajo, corrió a pedir ayuda a su marido que todavía estaba en la cama: “Alejandroooooooooo!!! (Exactamente así, con diez oes). Mi cuñado, que puede gozar de una hora más de sueño que ella, sin abrir los ojos y sin alterarse en lo más mínimo contestó: “Al mediodía vemos”. “Pero hoy viene Norma, se va a morir del susto”, replicó mi hermana. “Que se muera” recibió como respuesta lógica de un ser que aún está en los brazos de Morfeo y no tiene intención alguna de abandonar tan grato lugar.

Mi hermana, puede que no se apiade de una simple y vulgar laucha, pero sí se apiada de otro ser humano, al que además le debía la vida de Gerónimo ya que fue Norma la única que estaba en la casa el día que el atolondrado doberman se cayó en la piscina y no se daba cuenta cómo salir. Fue entonces que sin juicio previo le dio la sentencia de muerte, sin siquiera darle la gracia de un último deseo: un tiro con el rifle de aire comprimido.

Esto me trajo a la mente otra historia, la de mi hijo. Pero en este caso fue un acto de amor, no hacia el roedor, sino hacia su novia. El animalejo había entrado en su casa alterando el orden, haciendo estragos y a mi hijo le tocó ser el héroe salvador. “Esto de ser asesino a sangre fría en ayunas ante la mirada indefensa de un ser vivo es para reflexionar”, dejó como testimonio en su blog.

Los segundos antes del toque final son grabados en la memoria eterna de la víctima y del victimario, son segundos de reflexión que cargarán sobre ambos para siempre. El victimario buscará excusas, la víctima no, la víctima sólo será un alma en pena que jamás podrá volver a ver la luz del amanecer, saludar a su entorno diario, reír en una reunión, ver la mirada tierna de un hijo o desesperarse ante el miedo incomprensible de las personas hacia ellos”.

Las dos caras de una historia similar. Es cierto que son seres indefensos buscando un lugar en el mundo. Han convivido con los humanos desde siempre y lo seguirán haciendo. También es cierto que son bellísimas, con esos ojitos vivaces mirando todo con curiosidad. Pero también es verdad que destrozan todo lo que encuentran a su paso sin diferenciar lo que sirve y lo que no.

Cuando era chica mi papá me pidió que le ayudara a matar unas que se habían instalado en un caño, lo hizo con una olla de agua hirviendo. Desde ese día juré no matar una sola laucha en mi vida. Por eso, cuando invadieron el galponcito de la casa de mi mamá, adopté un gato. Ellos no tienen conciencia y yo me ahorraba la comida del felino. Hay diferentes métodos, como el golpe de mi hijo o el tiro de gracia de mi hermana, pero creo que el trofeo de originalidad se lo lleva mi tía Juanita, que pegó semejante alarido que la laucha dio un salto de un metro y cayó muerta al piso, supongo que fue un infarto, su familia nunca pidió una autopsia.

Ratoncito