Ayer fui hasta el centro a buscar los lentes nuevos. Muy valiente yo fui sola, porque el Carde tenía que trabajar. Llegué bien, porque en esta ciudad es imposible perderse, sus calles y numeraciones son tan prolijas que parece construida por un matemático. Salí de la óptica y al pasar por Falabella me dije “Hace cuatro meses que estoy acá y todavía no pude entrar a recorrerla tranquila”
Y entré, decidida a mirar cada rincón de todos los pisos.
Comencemos por la planta baja, ropa de mujer. Pero me encontré con tanto trapo y tanta vieja dando vuelta que me agoté a la tercera percha. Sigamos al primer piso... escaleras? Bueno... sigamos mirando ropa como si me interesara hasta que vea las escaleras. Mis ojos se iluminaron como si hubieran visto una oferta cuando las descubrí en un rincón.
No es que las escaleras mecánicas me agraden mucho, pero estaba tan cansada que fueron una bendición. Además no daba para seguir buscando una escalera tracción a sangre, seguro que terminaba en el depósito. Primer piso: ropa de hombre... seguí hasta el segundo piso... ropa de chicos... y me dije “si hice 2 hago 3”, y subí al tercer piso que me dijo mi hijo que están los muebles y el patio de comida. Eso me gusta!! Los muebles y la comida.
Al llegar algo me llamó la atención. Hasta el momento había visto todas escaleras que subían pero ninguna que bajara. Mi cerebro evaluó rápidamente la situación. Yo suelo subir los escalones de las escaleras mecánicas mientras van andando, ya que no tengo paciencia para quedarme parada hasta que llega arriba, pero nunca intenté bajar por una escalera que subiera. Y pensé “mis días terminarán aquí intentando bajar?” Era una pesadilla al mejor estilo Hitchcock. Pero muy valiente yo, me dije, “ya estas arriba, primero mirá todo y después buscas como bajar, disfrutá el momento”.
Los muebles una belleza. Me puse a mirar mesas, mesitas, estanterías, sillones, mas mesitas, un viejo tomando café... uh! ya estaba en el patio de comidas. Pegué la vuelta y me dije que ya era hora de irme. Vi un cartel que decía "SALIDA", mi salvación!!! Hacia allí me dirigí con cara de superada. Cuando llegué me encontré con un ascensor y una señora con un bebe. "Bueno" me dije "bajo con la señora hasta el piso que baje" ya que no podía subir más tenía que bajar obligadamente. No es que le tenga miedo a los ascensores ya que estoy acostumbrada, pero me causan menos gracias que las escaleras mecánicas.
En eso llegan un señor, una señora, un joven y no sé que mas..... todos parientes de la señora del bebé!!! No había lugar para mí. Disimuladamente di la vuelta y seguí mirando los muebles, teniendo especial cuidado de no terminar en la mesa del viejo que tomaba café. Mas estanterías, sillones, camas, un escritorio, una puerta... un depósito!! “Para el otro lado Sandra” dijo mi voz interior. Y allí, milagrosamente, entre dos columnas la vi, era ella, la escalera que bajaba!!! Y estaban todas en filita!! Segundo piso, primer piso, planta baja... subsuelo... y bue... ya que estoy acá voy a ver que hay, las cosas de bazar también me gustan.
Miré un par de cosas, me aburrí y me dirigí hacia la escalera. Si, ya las ubiqué. La gente que construyó el edificio las puso a todas en un rincón bien escondido para que gente como yo, despistada por naturaleza, terminara mirando la taza de café humeante de un viejo. Volví a planta baja y logré ver la luz del día por la puerta, pero “un momento! esa no es la puerta por la que yo entré!!” MI puerta estaba en una esquina!! Si salgo por ahí vaya a saber Dios donde voy a parar. Giré sobre mis talones y allí estaba, MI puerta, mi salvación para volver a casa!!!
Después de esto el Carde puede estar tranquilo, ya no le preguntaré mas “Cuando vamos a ir a Falabella?”