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“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo…”, así canta Mercedes Sosa, y Confucio nos repite “Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios”.
Todo aquél que me conozca un poco, sabe por mis escritos que soy reacia a los cambios, que me cuesta adaptarme a cosas nuevas y que cualquier variación en la rutina altera el armónico funcionar de mis neuronas… Bueno… los que me conocen un poco más saben que mis neuronas nunca funcionaron armónicamente, pero la frase quedaba linda.
Pero vamos al punto, tengo una severa crisis de personalidad. Resulta que llevo 46 años pensando que soy una cuando en realidad soy otra completamente diferente. Hace algún tiempo escribí algo sobre este problema, y estaba convencida que se debía al yin y el yang “un concepto surgido de la filosofía oriental fundamentado en la dualidad de todo lo existente en el universo”. Y ahora vengo a descubrir que han cambiado mi personalidad, mi pasado y lo que es peor, mi futuro!!! Ya nada es lo que fue ni será lo que debía ser.
La cuestión es que hasta hace unos días yo era una persona emocional, decidida, poderosa y apasionada, con mucho magnetismo. Celosa, compulsiva y obsesiva. Resentida y terca, que no aceptaba con buen agrado los halagos fáciles y tampoco soportaba que la gente me tome el pelo. Y ahora me entero que soy diplomática, encantadora y sociable. Idealista, pacífica, optimista y romántica, con un carácter afable y equilibrado. Indecisa y fácilmente influida por terceros. Y que además puedo cambiar de opinión fácilmente y ser demasiado complaciente.
Y todo porque a un tal profesor Kunkle se le ocurrió decir que la Tierra ya no está alineada con las mismas estrellas que cuando fueron creados los signos zodiacales. Así que ahora debo dejar de ser una escorpiana para convertirme en una persona del signo de la balanza. Nada más justo para mí que soy tan equilibrada!!
No quiero ni pensar que signo me va a tocar en suerte cuando el año que viene la Tierra cambie su polaridad y quedemos todos patas para arriba. Porque así dicen los que saben y si viera usted la cantidad de expertos en la materia que andan hoy en día por la calle!! Uno aprende tanto de esas conversaciones casuales que se escuchan por ahí. Porque gracias a los informes del History Channel, ahora todos son unos entendidos en eso de las profecías mayas.
Pero no todo termina en un simple cambio de signo, con las consecuencias psicosociales que ello pueda ocasionar. En el primer trimestre del año yo iba a tener muchos gastos y pocos ingresos. Pero resulta que voy a tener un aumento de sueldo (¿?). Ya me había preparado mentalmente para ahorrar y ahora tengo que pensar en que voy a gastar la plata que va a sobrarme!! En el segundo trimestre sí que estoy jodida. Mientras que un horóscopo me vaticina conflictos internos y un estado de salud malo, el otro, me pronostica lo mismo!!! Es obvio, como no voy a tener conflictos mentales si, además de no saber quién soy, no sé en qué gastar la plata que nunca voy a recibir del aumento de sueldo de un trabajo que no tengo!!! A este punto ya no quiero saber que me espera en el tercer y cuarto trimestre del año.
Pero además de todo eso, resulta que ya ni mis hijos son lo que eran. Ni mis hermanos son lo que fueron. Ni mis padres los que creí que tenía. Solo el Carde se mantiene, con la terquedad que lo caracteriza, en su signo de origen.
Ahora ya sabemos por qué el mundo anda como anda. Tanto echarnos la culpa a los humanos de los conflictos y resulta que nunca se le ocurrió decir “Hey muchachos! Miren que hoy me voy a inclinar un poquito más hacia la izquierda y la constelación de Acuario le tiene que pasar dos días a la de Capricornio”.
“Cambia… todo cambia…”
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